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Mi presencia offline

Fuente: Unsplash

Bill Gates una vez dijo «Lo que no está en internet, no existe».

Si bien es cierto que con el auge tecnológico y por la pandemia, el internet ha sido muy importante para las marcas a la hora de vender; esta frase me resuena mucho en la cabeza y me hace preguntar:

¿Dónde quedó el mundo físico? ¿La humanidad?

No me malinterpreten…

En este post no vengo a hablar mal del mundo digital, porque sé que como toda cosa, tiene sus partes positivas y sus partes negativas (hello, estamos publicando este post gracias al internet). Lo que sí quiero contarles, es como yo sentí que el mundo digital me consumió y que por un tiempo, mi cuerpo y mente me pidió permanecer off-line.

Cuando hablo de permanecer off-line no me refiero a estar casi dos años incomunicada, sin usar whatsapp, sin entrar a Instagram, sin subir de vez en cuando una que otra historia o no leer ni ver nada en internet. Este auge tecnológico siempre nos obliga de alguna manera a estar conectados. Por ejemplo, para ver mis clases de francés, debía utilizar Zoom porque no estaban habilitadas las aulas físicas. A lo que me refiero, es que le di pausa a mis proyectos online, de crear contenido y de mantener esa presencia en redes sociales que tanto mantuve por muchos años. Me tenía que dar un «break» y viéndolo en perspectiva fue lo correcto.

Desde que abrí mi blog en el 2014, siempre busqué ser «la mejor». Esa búsqueda implacable de seguidores, de crear contenido, de organizar sesiones de fotos, de estar siempre ahí presente para ser «relevante». Estoy muy segura que no fui la única que se envolvió en ese mundo de buscar ser lo que hoy en día llamamos «influencer» o tener una carrera gracias a las redes. Realmente no critico a la «Ana de antes», ni a las chicas que seguían publicando, con su mirada fija en la meta. Hoy en día, sé que a muchas les funcionó y que su fuente de ingreso viene de ello. La situación es que muchos quieren ser «influencers» pero no todos están al tanto que no es un trabajo fácil y que no es para todo el mundo.

Les explico, cuando tú eres tu propia marca personal, tu vida es el contenido. Hay que saber delimitar qué muestras al mundo y qué no, qué momentos son tuyos y qué momentos de tu vida son exclusivamente contenido. Un ejemplo es Sascha Fitness. Desde que se levanta hasta que se duerme, Sascha nos muestra cómo vive su día a día, nos muestra desde sus hijas, sus rutinas de ejercicio, qué come y muchos la hemos acompañado en diferentes etapas de su vida a través de una pantalla (Ojo, la amamos y con mucha razón tiene tanto éxito) pero la tomo como referencia porque es un trabajo que te tiene que gustar porque no todo el mundo (como fue en mi caso) está preparado vivir de forma «online».

Por un momento, pensé que sí y yo estaba aferrada a esa idea de que debía tener éxito sea como sea. Analizándolo, está bien querer emprender, está bien querer tener algo propio y todo lo que me planteaba. El problema es que ahora que veo el panorama completo, yo no estaba en el mejor momento mentalmente.

Vivía pegada al teléfono, pendiente de mi próxima publicación, de la foto, del look, del qué diré en las historias, del «caption», de escribir; mi vida giraba en torno a esto. Además si me tomaba mi propio tiempo o no era «productiva» o «eficiente» aparecía la culpa y la frustración. A todo esto le añado que mientras vivía conectada, me perdía lo que sucedía a mi alrededor, de escuchar a mi familia cuando me hablaba, de disfrutar del ahora y de las pequeñas cosas. Muchas de las cosas que me gustaban ya no las disfrutaba tanto como antes y siento que no vivía con consciencia plena en el ahora.

Llegó un momento que se me acumuló todo y sufría de depresión y ansiedad, causadas por la comparación excesiva en ese «mundo perfecto». En mi cabeza solo rondaban cosas como ¿Por qué no funciona lo que publico? ¿Será que no gusto? ¿Será que no soy suficiente? Cabe acotar que toda mi vida he sido demasiado exigente conmigo misma. Todas estas dudas, en vez de ayudarte a avanzar, hacen que te paralices, así que cada vez publicaba menos y un día hablando con mi psicóloga me aconsejo dejar a un lado este proyecto y de crear una burbuja imaginaria para que repose.

Y así fue… No lo dejé por completo pero decidí no vivir mi vida en torno a eso. Aprendí a no interrumpir las salidas y cenas con seres queridos para hacer la foto para la historia, aprendí a disfrutar sin compartir todo en las redes, aprendí a escuchar mi voz interior sin el ruido externo y finalmente, a disfrutar de las pequeñas cosas de la vida.

La verdad se sintió bastante liberador pero no quiero decir que fue pan comido, porque después de mucho tiempo en paz al estar off-line, por así decirlo, me picó otro bicho y no podía parar de pensar que haberlo dejado significaba un fracaso en mi vida (mi voz auto exigente siempre saliendo a la luz). A veces las decisiones, aunque sabes que son las correctas, duelen y está bien, todo esto era necesario para aprender.

Yo debía replantear mi camino, aprender que se necesita un balance en las redes y la vida personal (de vez en cuando hay que si o si poner en silencio el celular), conocerme más a mi misma, qué quiero y qué no y por último, educarme y nutrirme con conocimientos que necesitaba para transitar este camino de una manera más madura.

He hecho las paces conmigo misma y una vez incorporado todo esto que aprendí, este año decidí retomar lo que había dejado y por eso me tienen aquí de nuevo, no seré Sascha Fitness pero haré lo que me apasiona: la moda y la escritura. El último post de Life En Boga se publicó el 7 de septiembre de 2020… lo sé ha pasado un tiempo y ahora que he vuelto, igual quiero ser transparente con ustedes, porque deseo que si has pasado por algo parecido este post te pueda ayudar, porque a diferencia de lo que dijo Bill Gates; si existimos, si somos humanos, sentimos y no tenemos que vivir online para validar nuestra existencia.

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